jueves, 9 de mayo de 2013

La lucha de Rony por ser un profesional

Conozca un poco del colegio especial para invidentes de Comas, Luis Braille, a través de Rony, un invidente de muy escasos recursos que anhela ser un profesional a pesar de las adversidades personales y sociales por las que tiene que pasar a diario.


Texto y Fotos José Portilla T.

Hace varios días ya que Rony ha dejado de llorar por las noches antes de poder conciliar el sueño. Extraña mucho a su familia pero «qué se va a hacer», tanto él como sus padres desean que se eduque, y es que su sueño es llegar a ser catedrático de una gran universidad.

A sus 17 años, Rony lleva estudiando poco más de un mes, no es su culpa, mientras navegaba por Internet, se enteró por vez primera de la existencia del Colegio Especial Luis Braille, único en Lima dedicado para personas como él, que por motivos de la vida nacen o quedan incapacitados de poder ver la luz. Poco importó que viva en Ventanilla para que decidiera matricularse, la emoción de poder estudiar le daba fuerzas suficientes para dirigirse hasta la Av. Maestro Peruano en Comas.



Diariamente, a las seis de la mañana, junto a los demás internos del colegio, se levanta para alistarse mientras que sus compañeros van llegando de diferentes partes de Lima. Se acaba de inscribir en el taller de escritura Braille para luego decidirse por el de computación, masajes curativos o antiestrés. A pesar de su inexpresiva mirada, su rostro comunica la felicidad que siente Rony por estar en una institución que le brinde oportunidades a jóvenes como él, que junto con sus compañeros prometen una promoción lista para ser integrados por completo a la sociedad.

La inocencia de Rony, en conjunto con la satisfacción y agradecimiento que tiene hacia su querida institución de 72 años, lo ciega hacia las carencias que aún padecen. Para él, el Estado hace suficiente con el presupuesto que entrega, ese que solo alcanza para el salario de los profesores. Los dos soles cincuenta que paga su mamá por su alimentación diaria es justo y necesario, ya que no se le puede pedir más al Braille.


¿Qué pasaría si esta pequeña —y no en espacio geográfico— escuela llega a tener aunque sea algo de los tan afamados colegios emblemáticos? ¿Rony seguiría pensando igual? ¿Seguirían a la espera de un profesor titular de música? ¿Seguiría la administración generando sus propios ingresos para comprar computadoras para sus talleres?

Por lo pronto, Rony seguirá tratando de no llorar por las noches y esperar con ansias los días sábados para volver a encontrarse con su primera familia, porque su segunda, siempre lo esperará acá en Comas.
 

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